Día 12: Ovejas perdidas
“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.” Lucas 15:7
“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.” Lucas 15:7
Ayer leímos y meditamos sobre la perdición del hijo y su regreso, la bienvenida y la fiesta en casa del padre lleno de amor y gozo.
Cuando se pierde la oveja, Jesús declara que el pastor deja el rebaño en seguridad y va a buscarla. Los himnos alegóricos nos han dejado la idea poética de los caminos y dificultades que atraviesa, pero lo que en realidad nos relata la parábola, es que cuando la encuentra la toma en sus brazos y la lleva consigo, llama a sus vecinos y nuevamente hay fiesta, alegría y celebración.
Es interesante que la oveja, a diferencia de otros animales, tiene escaso sentido de la orientación. Fácilmente, por comer y avanzar mirando al suelo, puede perderse, aún con el rebaño a sus espaldas. Bastará un pequeño obstáculo para hacer que se pierda por completo. Además, es indefensa y por lo tanto presa fácil de predadores. Éstas y otras características hacen necesaria la presencia de un pastor.
Es sabido que su balido es lastimero, y de hecho balar es todo lo que puede hacer para orientar a quien la busca. Hoy hay muchas “ovejas perdidas”, balando sin consuelo. Están muchas veces muy cerca de nosotros, y sus lamentos son referidos a sus penas, dolores y tristezas. Sus vidas, trabajo, matrimonio, familias, hijos, presente, pasado y futuro, les hacen sentirse perdidos. A la verdad, estamos rodeados de balidos tristes de personas que, si las buscamos, las cargamos y llevamos al redil, simplemente les estaremos salvando la vida.
No son completamente ignorantes, están desorientadas. Saben diferenciar el amor del peligro, saben quién las trata con desprecio y quién quiere ayudarlas, tiene hambre y sed, pero están heridas y abandonadas. Por ellas se movió a misericordia el corazón de Jesús. Por eso dijo que el trabajo es mucho y los trabajadores son pocos, instándonos a orar para que el Señor envíe más obreros a su mies.
Si puedes escuchar hoy, en medio de los ruidos cotidianos, el llamado de alguna de esta “ovejas perdidas”, no seas indiferente. A veces escuchamos a vecinos, compañeros de trabajo, parientes o amigos, lamentarse o quejarse, y simplemente nos sumamos a su actitud o miramos para otro lado. Pero si eres un seguidor de Cristo, tienes mucho más para ofrecerles. Puedes ser los pies y las manos del Gran Pastor, y ser usado para sanar las heridas con palabras de consuelo, con gestos de amor, con un mensaje cariñoso. Y así llevarlos al redil. Dios quiere alcanzarlos, y necesita cristianos sensibles y alertas a las necesidades del mundo que los rodea.
Oración: Señor da a mis oídos sensibilidad de pastor que ame y sea capaz de buscar y salvar ovejas perdidas a mi alrededor. Heme aquí envíame a mí. Amén