Día 19: Terrenos vírgenes
“Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán.” Romanos 15:20
“Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno, sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán.” Romanos 15:20
De a pie, donde no había caminos para ningún tipo de vehículos, íbamos con mi esposo cargando una batería de camión, un generador, el videoproyector y la película JESÚS en lengua fula (fulani). Habíamos llegado a una aldea en Guinea Bissau donde todos sus habitantes son musulmanes. Pedimos permiso para hacer la proyección, pero no nos dieron autorización por tratarse de un film cristiano. Sin embargo, una mujer llamada Awa insistió en que proyectáramos la película en el patio de su casa, en privado. Ella había tenido un sueño donde había visto a Jesús y al ángel Gabriel, quien le decía al oído: "El camino para Dios es Jesús".
Mientras Awa contemplaba la escena de la cruz, su corazón se estremeció hasta las lágrimas. Ella me apretaba muy fuerte mi brazo, sufriendo por el sufrimiento de Aquel a quien no conocía, pero que la noche anterior había visto en sueños. Esa misma noche Awa recibió a Cristo en su corazón. Más de trescientas personas se habían juntado para ver el film en su casa, curiosos por saber quién era ese personaje "que hablaba en su lengua vernácula". No había otras cosas para hacer en la aldea, no había electricidad y estaba todo muy oscuro. A pesar de la negativa inicial a proyectar el film, muchos asistieron a verlo.
Esta amada hermana ha padecido mucha persecución por parte de su familia. Su marido musulmán la abandonó, el imán de la mezquita la amonestó porque ahora comenzaría a “comer cerdo y a beber alcohol”, que es lo que hace normalmente la mitad no musulmana de la población de Guinea Bissau. Con todo, Awa ha seguido firme en la fe en Jesucristo. Damos gracias a Dios porque en esa ocasión, una vez más, el Espíritu nos llevó a predicar donde Jesús había de ir. (Lc.10:1)
Oramos:
Padre, abre mi corazón… ¡yo quiero sentir pasión por las almas! Quiero contribuir con mis oraciones, con mi dinero y, si tú me llamas, ir personalmente, para que aquellos que nunca han oído del amor de Jesús puedan tener la oportunidad de recibir de ti el perdón de sus pecados. Que por lo menos se les dé una oportunidad de aceptarte o rechazarte. Hay tantas Awas... tantos Bubakar... tantos Abdulai... tantos fulanis que nunca oyeron de Jesús. Hoy puedo oír tu clamor diciéndome "¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?" Amén.