Día 22: Asumiendo el costo
“Y cualquiera que haya dejado casas… por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.” Mateo 19: 29
“Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.” Mateo 19: 29
Hoy seguimos contándoles un poco más acerca de Tito. Ayer mencionamos la gran oposición que sufrió al convertirse a Cristo. Pero tal vez no llegaron a imaginar que eso implicó algo impensado en nuestra cultura: perder a su propia familia.
Dado que su esposa había sido comprada por sus padres para él, se consideraba que era propiedad de ellos, de modo que le fue quitada junto a sus cuatro hijos. Sólo le dejaron a Diari, una pequeñita de 2 años, con la certeza de que sería más carga que beneficio y que pronto moriría.
Pero Dios tenía recompensas benditas preparadas para su siervo fiel: le dio una esposa misionera para servirle juntos, y Diari es una belleza de 15 años, apasionada por Jesús, poliglota y colaboradora con sus padres.
Después de muchos años trabajando sin descanso, necesitan un año sabático, pero no tenemos quien desee ir a tomar sus lugares, aprender el trabajo, amar a los mandingos y por medio del amor introducirlos en el Reino de los Cielos.
¿Será que Dios está llamando, pero hay muchos que, recibiendo el llamado, no están dispuestos a pagar el costo? Cantamos en nuestras congregaciones hermosas canciones que hablan de nuestra consagración y amor al Señor… pero cuando llega el momento de sostener obreros con nuestras ofrendas, de dedicar tiempo y dinero para un viaje misionero, de decidir un cambio de vida para radicarse en otro país, de apoyar y enviar a un joven de la congregación con llamado misionero… calculamos demasiado y descartamos hacer el sacrificio.
Jesús no prometió una vida fácil a sus seguidores. Advirtió sobre los sacrificios que puede llegar a costar, como le costaron a nuestro amado Tito. Pero prometió que ninguno sería sin su recompensa.
El pastor Oswald Smith, tal vez el mayor enviador de misioneros individual, dijo: “Si no voy yo, tengo que encontrar substitutos, entrenarlos, equiparlos y sostenerlos en el campo.” Él había ido reiteradamente, y siempre debió ser repatriado por enfermedades. Pero no por eso se desligaba del compromiso.
¿Tienes salud, talentos y corazón que ame a Dios?... entonces eres un candidato. Habla con el Señor de la mies. Él recibe diariamente nuestros pedidos de más obreros para su mies.
Oración: Señor... Perdóname si he sido mezquino al calcular el costo de seguirte y obedecer tu llamado. Quiero entregarme sin reservas. Heme aquí, envíame a mí. Amén.