Día 27: El milagro (parte 3)
“...Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra”. Hechos 27: 44
“...Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra”. Hechos 27: 44
“En el barco pesquero que nos salvó no había suficiente espacio, por lo que nos ubicaron en un gran refrigerador que había en la parte inferior del barco. Ese refrigerador era encendido o apagado conforme a la temperatura que deseábamos.
Durante los dos interminables días que el viaje duró, vi a muchos amigos con náuseas y vómitos debido a los movimientos del barco. Teníamos sólo una muda de ropa y no había baños. El único que había, no tenía agua, estaba muy sucio y olía muy mal. Aquellas cuarenta y seis horas fueron las más largas y las más aburridas de mi vida. Sin embargo, yo sentía mucho agradecimiento a Dios por ellas.
Finalmente llegamos a Senegal, un interesante lugar para vivir. Famoso por sus playas y hoteles, pero también es muy peligroso. La capital, Dakar, tiene mala reputación por sus constantes crímenes y robos. A mi padre le sacaron su billetera, llevándose el poco dinero que nos quedaba.
La embajada argentina quería devolvernos a nuestro país. Sin embargo, argumentamos que sería muy caro e inútil hacerlo, pues queríamos regresar a Guinea Bissau en cuanto fuera posible. Por ser refugiados de guerra, la embajada argentina se hacía cargo de nuestros pasajes. Así, unas semanas más tarde, sólo con la ropa puesta, llegamos a Portugal.
Cada cultura tiene sus diferentes hábitos y costumbres. Hay un grupo tribal en Guinea Bissau que considera el robo como algo heroico (si no se lo detecta). Los chinos son famosos por su sabiduría, los portugueses son famosos por su seriedad, los latinoamericanos son famosos por su constante alegría. Sin embargo, todas estas culturas tienen algo en común: frente al peligro o al temor y la desesperación que enfrentan, todos reaccionan de la misma manera. Chinos, africanos, portugueses, argentinos, todos tenemos las mismas necesidades y temores humanos. Todos precisamos de seguridad y protección.
Yo podía ver aquella desesperación cuando todo el mundo se volvió loco buscando la forma más segura para salir del infierno en que se había transformado Bissau. Llega un punto cuando una persona no se preocupa por su prójimo, sólo se preocupa por sí mismo. Entonces, casi irónicamente, falla al intentar protegerse, como la Biblia dice en Lucas 17:33: "El que pretenda guardar su vida la perderá, pero quien pierda su vida, la preservará".
Sin duda fue una experiencia tremenda estar en ese puerto y que de repente apareciera un barco chino para salvarnos. Todavía conservo la imagen de mí mismo a bordo del barco, mirando la ciudad de Bissau que iba quedando hacia atrás. Unos minutos después que partimos, el puerto fue bombardeado y destruido por completo… ¡milagrosamente, sin nosotros en él!”
Oración: Padre, gracias por el milagro de la vida. Gracias por cuidarme cada día. Gracias por preocuparte por mi bienestar. ¡Tu fidelidad es grande! Amén.