Este devocional ainda não foi traduzido; é apresentado em espanhol.
Día 10: Perdidos y hallados
“El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Lucas 19:10
“El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Lucas 19:10
Jesús afirmó haber venido a buscar y a salvar lo que se había perdido, y quiso explicar lo que significan para Dios los perdidos. Era usual en Él usar ejemplos esclarecedores de conceptos más complejos: para enseñar la importancia de orar sin desmayar, contó la parábola de la viuda y el juez injusto; para enseñar sobre los frutos de evangelizar, usó la parábola del sembrador; para hablar del amor al prójimo, usó la del buen samaritano. Un concepto ilustrado a través de una historia de la vida cotidiana de esa época, eso era una parábola. Y en casi todos los casos, con una bastaba.
Pero cuando habló de perdición usó tres parábolas. Habló del hijo alejado, la oveja extraviada y la moneda perdida. ¿Alguna vez se preguntó por qué?
Bueno, una primera razón es simplemente que, si bien el mundo estaba perdido y había que salvarlo, para Dios no todos los perdidos son iguales.
La mayor parte de las veces consideramos las parábolas de oveja, hijo y moneda perdidas por separado y sacamos, correctamente, buenas enseñanzas acerca de cuidados pastorales, del amor de Dios, etc. Pero Jesús las contó juntas y juntas deberíamos analizarlas. Tal vez aparezcan cosas nuevas para ti en los próximos tres días de este devocionario.
Por supuesto, procuraremos encontrar en qué se diferencian los tres elementos perdidos, con respaldo escritural y con algo de lógica. Por eso te pido que leas todo el capítulo 15 del evangelio de Lucas ahora.
Notarás que las tres parábolas hablan de perdición (una persona, un animal y un objeto inanimado), y las tres terminan en fiesta y gozo. Pero a pesar de esas coincidencias, hay diferencias no tan sutiles entre ellas. En los días siguientes las analizaremos y veremos qué podemos inferir de ellas.
Mas para cerrar el día de hoy, meditemos en el cierre de celebración. Jesús dijo: “Hay gozo en el cielo… y delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15: 7 y 10).
A veces medimos el éxito del trabajo por el número de “convertidos”. Con ese criterio, el esfuerzo volcado en ciertos campos donde es muy difícil encontrar respuesta, parecería inútil. Sin embargo, este versículo nos señala que, para Dios, ese solo fruto es tan valioso, ¡que merece un festejo con los ángeles!
Oración: Señor, queremos disfrutar nosotros también de la alegría del cielo cuando un pecador se arrepiente. Ayúdanos a ser fieles en llevar tu mensaje de salvación, y ser así tus manos y tus pies buscando a los perdidos. Amén.