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Día 16: Gloria merecida

“No a nosotros, oh Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria.” Salmos 115: 1 y 14

“No a nosotros, oh Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria. Por tu misericordia, por tu verdad... Aumentará Jehová bendición sobre vosotros; sobre vosotros y sobre vuestros hijos.” Salmos 115: 1 y 14

Testimonio de Patricia: Estaba por cumplir dieciocho años cuando Jesús transformó mi vida por completo. Una canción comenzó a brotar de lo más íntimo de mi ser y se la cantaba al favorito de mi alma: "Cristo, Cristo, Cristo... ¡mi Cristo! Es la vida de mi alma... es Jesús mi Salvador". Le prometí que no le dejaría hasta que me bendijera y que haría pacto con Él de servirle durante todos los días de mi vida.

Se transformó en mi Señor, mi amigo, mi amor. Cada mañana al levantarme iba con mi Biblia al precioso parque que está frente a la casa de mis padres. Tenía una cita con el autor de mis sueños. Ese bonito lugar, que otrora había inspirado a Saint D'Exupery a escribir "El Principito", se había transformado en mi "Peniel", el sitio donde Dios conquistó mi corazón para siempre. Como Jeremías, le dije al Señor: "Me sedujiste, y fui seducido."

Comencé a estudiar la Biblia sistemáticamente y entendí que Jesús tiene pasión por los niños, por lo que me inscribí para estudiar Profesorado de Jardín de Infantes. Mi deseo era que los niños conocieran a Jesús a través de mi vida.

También comencé a orar a Dios para que me guiara a encontrar la persona que Él había preparado para mí, el hombre con quien me habría de casar y con quien habría de servirle. De una manera milagrosa, Dios me hizo conocer a Abel, el amor de mi vida, un hombre conforme a Su corazón.

Mirando hacia atrás puedo ver cómo Dios ha prosperado y bendecido mi vida, la vida de mi esposo, y la vida de mis hijos. Mis días están siempre llenos de gozo. Meditando en el Salmo 115: 1 y 14, la palabra rema que Dios me dio cuando nos comprometimos para casarnos con mi esposo, puedo comprobar que existe un principio bíblico para quien desea recibir bendición y gozo:

No se trata sólo de obediencia, sino de buscar la gloria de Dios en todo lo que hacemos. Porque Él es el único digno de ella.

En la obediencia siempre hay bendición. Pero el gozo sólo viene cuando tenemos un profundo deseo de buscar la gloria de Dios en todo lo que hacemos.

Oramos: Señor, dame un nuevo corazón, que sienta como el tuyo, que ame como el tuyo, que busque tu gloria en todo lo que piense, lo que diga, lo que haga y lo que sueñe. Amén.