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Día 3: Un gran campo

…por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones… Mateo 28:18-20

Toda potestad me es dada en los cielos y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Mateo 28:18-20

Notemos el segundo concepto que indica totalidad en la Gran Comisión de Jesús:

“…por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones…”

Desde la caída del hombre por desobediencia, siempre estuvo en la mente divina la idea de salvar a todos los seres humanos perdidos. Se lo dijo al pueblo de Israel a través de los profetas: “...te di por Luz a las naciones, para que anuncies mi salvación hasta lo postrero de la tierra” (Isaías 49:5-6)

Pero la verdad es que ese mensajero falló: Israel no fue Luz ni Salvación para las naciones, por lo cual Dios los castigó y dispersó. Mas, habiendo desistido del Israel rebelde, ahora hablaría por su hijo único. Jesús fue enviado y, cumpliendo el plan de Dios, logró nuestra redención a través de su muerte y resurrección. En esta despedida, él estaba iniciando una etapa clave en el plan de Salvación de la humanidad.

Jesús se iba, pero les daba instrucciones sobre los pasos a seguir: “recibirán poder cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo y me serán testigos tanto en Jerusalén, como en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”. No hay una idea secuencial o cronológica, sino de simultaneidad en esta orden.

¿Es verdad que Él es la cabeza y nosotros somos el Cuerpo de Cristo? Entonces, ¿alguna vez se vio una cabeza que pueda hacer algo sin el cuerpo? Así de necesario es para Cristo el cuerpo; sin cuerpo o con un cuerpo débil, enfermo, perezoso, mutilado, paralizado o anquilosado, ¿podría el plan nuevamente fallar?

Hoy, después de 2000 años, no hemos aún alcanzado a todas las naciones; pero a diferencia de los 1950 años previos, la iglesia, el cuerpo, es más y más enseñada e informada, desafiada a cumplir la suprema orden de la Cabeza que es Cristo. Nunca como hoy estamos en condiciones de hacerlo. A Cristo le fue concedida toda potestad, pero el cuerpo pasó siglos de sueño.

Aún hoy hay iglesias, pastores y líderes que ignoran por completo acerca de las naciones y pueblos nunca evangelizados. Ignoran quiénes son los perdidos, cuántos hay, dónde están, cómo son, qué creen, cómo viven en sus tinieblas… y por supuesto, se ignora también cómo hacer para traerles a la Luz del Mundo.

Dios creó y amó a todo el mundo de tal manera que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él sea salvo de condenación eterna. Cristo murió por todos los hombres, le fue dado todo el poder y la autoridad para enviar a su Iglesia que vaya por todo el mundo y predique el evangelio a toda criatura. Ordenó que hagamos discípulos en todas las naciones y les enseñemos a guardar todas las cosas que había mandado. Pero de esto último hablaremos mañana. Les espero.

Oración: Señor Dios, sean nuestras vidas bendecidas con la visión de que, sin tu iglesia como cuerpo, no tienes quien te obedezca; y que nosotros separados de Ti, nada podemos hacer. Amén