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Día 9: Amor y justicia
“La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron.” Salmo 85:10
“La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron.” Salmo 85:10
Algunos universalistas prefieren argumentar teológicamente. Ellos sostienen que, si la naturaleza esencial de Dios es totalmente amor, ¿cómo, pues, pudiera semejante Dios condenar a alguno, en esta vida o en la venidera, al fuego eterno? Dios es muy bueno para rechazar a nadie, argumentan.
Sin embargo, el carácter de Dios incluye no sólo amor y bondad, sino también justicia, santidad, e ira. Los universalistas sacrifican la justicia de Dios ante Su amor, lo cual resulta en un dios diferente del Dios de la Biblia.
Otros alegan que un Dios justo no daría castigo infinito por el pecado finito. Pero esto pasa por alto este principio importante: que el crimen depende del objeto contra quien haya sido cometido (un Dios infinito), al igual que del sujeto que lo comete (el hombre finito). Matar a un animal es un acto de alguna manera similar a matar a una persona, pero no tiene nada que ver en términos de culpa y castigo. Todo pecado es en definitiva contra un Dios infinito, y Él decidió castigo infinito. En esto no fuimos consultados, apenas informados de nuestra perdición y condena.
Comprender esto nos hace valorar aún más el enorme privilegio de haber sido alcanzados por Su gracia. Trocar condenación eterna por vida eterna: “¡En esto se mostró el Amor de Dios para con nosotros!” (1° Juan 4:9)
Minimizar la realidad de la condenación, es también menospreciar la grandeza de la salvación. Si esto es grave para los perdidos no evangelizados, lo es también para el Cuerpo de Cristo, a quien le fue entregada la tarea de ir por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura, enseñar todas las cosas que Jesús había mandado y bautizarles en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El peor resultado es sobre la visión y acción misionera de la Iglesia: si no hay perdidos, si todos son redimidos y destinados a la vida eterna, no hay ni motivos ni urgencia de evangelizar, pues para anunciar y para enseñar habrá tiempo más adelante. Queda clara la trampa satánica que esta idea universalista encierra, porque adormece a la iglesia en la idea de que el trabajo ya está hecho, no hay desafíos de fe, o financieros, o de alcanzar grupos nunca evangelizados.
Dios está en el control y el infierno no prevalecerá contra una Iglesia proféticamente victoriosa; pero pastores, líderes y muchos creyentes engañados lamentarán su error, sobre todo porque Dios usará a otros siervos que sí entiendan y obedezcan, para cumplir la tarea. Muchos aún, amando al Señor y habiendo tratado de servirle, no recibirán la corona prometida, sino que serán salvos como por fuego. (1° Cor. 3:15)
Oración: Señor amado, conmuévenos con tu compasión por los perdidos, despierta en tu iglesia un deseo incontrolable de ver al mundo entero evangelizado, llénanos de tu pasión para predicar tu Evangelio hasta lo último de la Tierra. Amén.