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Día 13: Monedas perdidas
“¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad…?” Jonás 4:10-11.
“Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad, donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda?” Jonás 4:10-11.
Cuando se pierde la moneda, Jesús se ocupa de decir que fue necesario encender la luz y barrer la casa. Y sólo después vino el gozo y la celebración. Cabe aquí la consideración cultural del valor del oro o de tal moneda en el ajuar de esa mujer. Baste significar que tenía gran valor y merecía el esfuerzo de dar vuelta la casa completamente.
El hijo se pierde por decisión propia, y cuando decide volver lo hace sin ayuda. La oveja tal vez se pierde por descuido pastoral o de la propia oveja. Sin capacidad para volver por sí, puede por lo menos balar pidiendo socorro. La moneda en cambio es inanimada y nada podría haber hecho por perderse o aún por ser hallada.
Pero como el hijo para el padre y la oveja para el pastor, la moneda es grandemente valiosa para su dueña. Usa tiempo y esfuerzo, método y recursos para ir a buscarla hasta que la encuentra y viene el gozo.
Hay en este mundo esta clase de perdidos que son como monedas extraviadas. Como los habitantes de Nínive, “no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda”.
Hay personas y aun pueblos enteros en este mundo, que ni siquiera el nombre de Jesús conocen. Pablo los encontró entre los eruditos atenienses. Hoy existen en los bolsones de oscuridad que Satanás cuida como últimos reductos de su principado en la tierra. Hay pueblos escondidos a la civilización y al Evangelio.
Un día, en una aldea Naulú en Guinea Bissau, me encontré con un grupo de mujeres y niños. Aun viviendo en un lugar recóndito, reconocieron una lata de Coca Cola… o sea que elementos comerciales de nuestra “civilización” los habían alcanzado. Por ser nosotros argentinos y ser ellos amantes del fútbol, mencionaron el nombre del futbolista que nos hace famosos en el mundo. Pero al preguntarles si conocían a Jesús, ¡lo desconocían por completo! Me dijeron que nadie con ese nombre vivía entre ellos, y de certeza tenían razón. No se conocen Naulus nacidos de nuevo, porque son fuertemente musulmanes y no me permitieron pasar la película Jesús en sus aldeas.
Se calcula que hay unos 8.000 pueblos en estas condiciones aún hoy; el número depende de quién y cómo los cuente. De todos modos, es una tragedia. Pero hay esperanza. Hay misiones, agencias, iglesias, pastores o simplemente creyentes que, en obediencia a la Gran Comisión, nos hemos propuesto alcanzarles.
¿Serás tú uno de ellos?
Oración: Señor, enciende tu fuego en mi corazón para que comience a vivir sólo para llevar el reino de los Cielos hasta lo último de la tierra. Amén.