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Día 18: Cotización celestial
“Y su señor le dijo: Bien buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. Mateo 25:21
“Y su señor le dijo: Bien buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. Mateo 25:21
Nos habían robado, no teníamos luz, no teníamos agua... el día a día en África se hacía difícil. Había que buscar bidones de agua muy lejos y con mucho esfuerzo. El baño refrescante para los 52 grados de temperatura tenía que ser postergado hasta que viniese la época de lluvias. Podían pasar muchos días hasta que la electricidad viniese unos minutos para después volverse a cortar. La piel de nuestros hijos estaba infectada por filariasis, una enfermedad tropical. Pero Dios nos proveyó de un medicamento muy difícil de conseguir, que los curó y evitó que esta enfermedad produjera ceguera a nuestros hijos. También nuestra piel tenía abscesos producidos por gusanos que entran en la piel a través de los huevitos de una mosca que habita en el agua. El paludismo y otras enfermedades tropicales nos acosaban. Tantas cosas que podrían haber producido tristeza, depresión, angustia.
Y en medio de todo eso, yo pregunté al Señor: “¿Por qué mi corazón está siempre lleno de gozo?” Y Dios me reveló que Él paga con gozo todo lo que hacemos para Su gloria. La moneda del cielo no es el dólar, ni el peso, ni el euro... la moneda que Dios usa para pagar a sus siervos es el gozo. Cuanto más le servimos, más gozo recibimos de Él... esa divisa tiene la mejor cotización del mercado... la bolsa en el cielo nunca se desvaloriza. Jesús nos mandó que hagamos tesoros en el cielo.
Oración:
Examíname Señor, y revélame si tengo talentos que me están sirviendo a mí y no a ti. Examina mi alma. Alértame si estoy haciendo algo para mi propia gloria, o si pongo cualquier excusa para no servirte, ya sea consciente o inconscientemente. No quiero perderme tu salario, quiero multiplicar mis talentos para ti. No me preocupa que quieras recoger donde no sembraste, pues sé que tú crearás nuevas capacidades en mí, capacidades que no me diste "por nacimiento", pero que me permitirán realizar tu obra. Amén.