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Día 23: Protección sobrenatural
“Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos." Salmo 91:11
“Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos." Salmo 91:11
Al terminar el trabajo en el Gabinete Médico de las Naciones Unidas en Guinea Bissau, mi esposo se preparó para ir a una aldea donde nunca antes se había predicado el evangelio. Le acompañaban en el auto otros dos misioneros blancos, y Mamadú, un fulani que había sido el instrumento usado por Dios para abrir las puertas a la predicación en la aldea de Saltiño, a unos 200 km de la capital.
Yo quedé en casa con los niños pequeños intercediendo por el viaje del grupo. El domingo por la mañana me desperté a través de un sueño con una fuerte inquietud de orar e interceder por Abel, por el grupo de misioneros, por el coche... El Señor me había mostrado que Abel iría a tener un accidente, pero que la oración podría mover las manos de Dios para impedirlo.
Comencé a orar y luego invité a Mónica, la esposa de uno de los misioneros que acompañaban a Abel, para pasar juntas el día orando a Dios.
Por la noche, cuando Abel llegó, me abrazó de una manera muy especial mientras yo sentía que todavía le temblaban las piernas. —"¡Dios nos guardó de un terrible accidente!" —me dijo. Yo solamente le devolví el abrazo, pues Dios ya me había revelado que todos, inclusive el vehículo, regresarían sanos y salvos.
¿Qué fue lo que había sucedido?
Estando ya oscuro, Abel se encontró con un camión ruso muy grande, parado en el medio de la ruta sin ninguna señalización. Cuando lo vio, ya era tarde para frenar, por lo que amagó a pasarlo por la izquierda. Mas al intentarlo, se encontró con un coche de frente. A la derecha había un barranco profundo. Sólo quedaba la opción de frenar... ¡pero ya no había más tiempo! Ángeles hicieron fuerza para que la frenada fuera espectacularmente exacta como para quedar deslizados por debajo del camión, pero sin que hubiera una verdadera colisión. Hubo que pedir ayuda para desencajar el auto, que quedó literalmente con el capot debajo del inmenso camión.
Sólo una marca en el capot quedó para recuerdo de la fidelidad del Señor.
Oración: Gracias Padre porque siempre cuidas de tus hijos. Gracias porque Tú nunca duermes. Gracias porque puedo confiar en tu amor y saber que tus ángeles van conmigo de día y de noche. Amén.